Guía completa

Externa o interna: la primera pregunta

Ante una pérdida de refrigerante, lo primero es distinguir entre una fuga externa, la que se ve, y una interna, la que no. La externa sale por un latiguillo, el radiador, la bomba de agua, el termostato o el depósito de expansión, y su reparación va de 80 a 500 € según la pieza. La interna suele ser junta de culata, y ahí el rango sube a 1.200-2.500 €, con un diagnóstico que exige una prueba distinta a mirar debajo del coche.

El test de presión, punto de partida siempre

Presurizamos el circuito con un equipo profesional a la presión de funcionamiento habitual, entre 1 y 1,5 bar. Si el sistema aguanta la presión sin bajar, no hay fuga activa — el aviso puede venir de otro sitio, como un sensor de temperatura con lectura errónea. Si la presión cae rápido y hay mancha visible, localizamos el origen ahí mismo. Si cae despacio y no aparece nada por fuera, el siguiente paso es la prueba de gases de combustión.

Por qué Córdoba castiga especialmente al sistema de refrigeración

Un motor de combustión genera calor constantemente, y el sistema de refrigeración está calculado con cierto margen para disiparlo en condiciones normales. Ese margen se estrecha en dos circunstancias muy propias de aquí: el calor de julio y agosto, que eleva la temperatura ambiente de partida, y el tráfico lento de las horas de más movimiento, en el que el motor genera calor sin la ayuda del aire circulando por el radiador a velocidad. Una fuga pequeña que en un coche que hace carretera abierta pasaría meses sin dar problemas, en ciudad y en verano puede acabar en un aviso de temperatura mucho antes.

La junta de culata, el escenario que hay que coger a tiempo

Cuando falla la junta que sella la culata contra el bloque motor, pueden aparecer varios síntomas combinados: refrigerante que se mezcla con el aceite (aspecto lechoso en la varilla), gases de combustión que se cuelan en el circuito de refrigeración (burbujas en el depósito, humo blanco al escape) o simplemente un nivel que baja sin que se vea ninguna fuga por fuera. La prueba de gases de combustión, con un detector que se conecta al cuello del depósito de expansión, confirma o descarta esta avería sin necesidad de desmontar nada todavía.

Reparar la junta implica desmontar la culata, comprobar si se ha deformado por el sobrecalentamiento y, si es así, rectificarla antes de montar la junta nueva con tornillos de un solo uso y la secuencia de apriete exacta del fabricante. Es una intervención de un día o dos, pero seguir circulando con la avería sin diagnosticar es lo que de verdad sale caro: el motor puede terminar dañado por completo en pocos cientos de kilómetros si el refrigerante deja de cumplir su función.